Regalar un cachorro no debe ser un capricho de unos momentos
No es una novedad que especialmente en la época de las fiestas navideñas uno de los regalos más anhelados particularmente pos los miembros más jóvenes de la familia sea una mascota, en general un cachorro.
Cuando llega a casa la alegría es tremenda, las promesas de cuidar al nuevo miembro son interminables y las buenas intenciones se podrían equiparar con las que se suelen hacer por fin de año. Pero el animalito tan pequeño y lindo también crece y sus necesidades cambian. Puede llegar a dar bastante trabajo, especialmente en los casos de los perros, si pensamos que hay que sacarlo a pasear.
Lo que comenzó como una buena idea de regalo termina en muchos casos siendo un estorbo del cual hay que deshacerse ya sea por el tiempo del que no se dispone para dedicarle, o por no saber lo que hacer en épocas de vacaciones, etc.
Una práctica común en España es llevarlo al monte y abandonar al animal. Y en algunos casos la práctica de tirar al animal desde el coche a la autopista, especialmente en épocas de vacaciones. Afortunadamente esta práctica cruel ha disminuido.
Antes de hacer un regalo de este tipo es importante plantearse muy bien lo que conlleva, puesto que no es un simple objeto que pueda colocarse en la estantería o guardarse en un cajón. Tener muy claro que es un ser vivo con sus necesidades al igual que las tenemos nosotros, que forma a ser parte como un miembro más de la familia o nuestros hogares y que no es sólo un capricho de unos momentos.
Si no lo tenemos muy claro, existen miles y miles de ideas para elegir un regalo que no conlleve un riesgo de convertirse en una lata.
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